La guitarra y la vihuela como instrumento acompañante

INTRODUCCIÓN
A lo largo de la historia, la música occidental ha presentado una duplicidad de facetas que, de alguna manera, siembre ha estado presente: la popular y la culta. De todos los instrumentos musicales, la guitarra es posiblemente uno de los que siempre ha formado parte de esas dos manifestaciones, al menos desde el inicio de la historia más conocida del instrumento, en el siglo XVI.
El acompañamiento de canciones populares y de carácter culto, así como de los bailes y danzas, ha sido (y es) una faceta característica de la guitarra. Desde el Renacimiento hasta nuestros días, la guitarra, a diferencia de otros instrumentos como los de tecla, ha estado presente en los ámbitos musicales populares y cultos, lo que no se puede decir de los instrumentos afines como la vihuela o el laúd que eran, en palabras de Gerardo Arriaga, como los “parientes pobres” de la guitarra.
En términos generales, el registro histórico de esta función del instrumento, no ha sido tan investigado e interpretado como en el aspecto solista, por lo que posiblemente quede aún mucho por descubrir y conocer al respecto. Así pues, es el referido periodo histórico del Renacimiento, desde donde se empezará a desarrollar este trabajo, teniendo en cuenta los autores y países más representativos de la literatura guitarrística y algunos instrumentos afines, como la vihuela. Contando para ello con el contenido de las fuentes históricas de las que disponemos en la actualidad y el de las obras de los investigadores en este campo de la historia musical.
SIGLO XVI
La guitarra de cuatro órdenes de cuerdas (guitarra renacentista), la vihuela en España y el laúd en el resto de países europeos, eran los instrumentos de cuerda pulsada más significativos. La guitarra fue, sin lugar a dudas, el más popular, tocada por personas de todas las capas sociales (figura 1), mientras que el laúd y la vihuela pertenecían más al mundo de la música “culta” o cortesana y de los intérpretes más especializados. Podemos encontrar las siguientes denominaciones históricas del instrumento: Vihuela de 4 órdenes, Guitarra, Guitarrilla, Chitarra de sette corde, Chitarrino, Guiterre, Guitern.
En general, hay pocas referencias de la guitarra en las fuentes históricas, pero sí de la vihuela y el laúd, instrumentos éstos que fueron muy cultivados por los más importantes intérpretes que “intabularon” música solista y también para acompañar melodías populares, cultas, profanas y religiosas.
En cuanto a la faceta popular del instrumento, baste significar que en la obra del vihuelista Luis Milán, de 1536 (El Maestro), se incluyen obras para voz y vihuela, en las que está muy presente el acompañamiento homofónico (o en forma de acordes). En este sentido, el mismo “Milán solía cantar y acompañarse con su vihuela en la corte valenciana, a la manera popular, glosando romances y cantando burlas contra diversos caballeros, aunque luego en sus fantasías de vihuela adoptara un estilo culto, polifónico” (Arriaga, cf. óp. cit. ).
Si Milán utilizaba la vihuela para acompañarse, que era un instrumento “culto”, más cercano a la música polifónica, no tenemos por qué dudar de que la guitarra, fuese empleada para el mismo menester y posiblemente de forma más generalizada, por su carácter más popular. Juan Bermudo, en 1555, en su “Declaración de instrumentos musicales”, refiriéndose a la propia vihuela, escribe los conceptos de “música golpeada” y “villancicos golpeados“, los cuales “…no tienen tan buen fundamento en musica…”
Según las opiniones de algunos musicólogos e investigadores, estas palabras escritas en un tratado teórico de música de la época, podrían muy bien referirse al rasgueado o algo parecido. Lo que podría llevarnos a la conclusión de que había otra concepción respecto al uso de la vihuela y por lo tanto, también de la guitarra. Es decir, que, como actualmente, los aficionados y sin conocimientos musicales, también utilizaban estos instrumentos para usos más populares, como el acompañamiento de música tradicional, de lo cual y como es lógico solo caben conjeturas.
En lo referente al repertorio publicado para guitarra como instrumento acompañante, cabe referirse en España al vihuelista Miguel de Fuenllana, que en su obra para vihuela “Orphenica Lyra” (Sevilla, 1554) incluyó un villancico (“Cobarde Caballero”) y un romance (“Paseábase el rey moro”), para voz y guitarra de cuatro órdenes, únicos en este género en la obra de los vihuelistas españoles. Estos vihuelistas, por su parte, sí dedicaron un amplio repertorio para voz con acompañamiento de vihuela, desde los más importantes como Luis Milán, Alonso Mudarra, Luis de Narváez y Enrique de Valderrábano, hasta otros menos significativos como Diego Pisador o Esteban Daça.
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