El control de calidad en la fabricación de guitarras clásicas

Durante 3 años he colaborado con varios guitarreros valencianos en el control de calidad de sus guitarras. En este período de colaboración con Guitarras Esteve y Juan Hernández he tenido la oportunidad de probar muchísimas guitarras de sistemas de construcción diferentes. Desde mi punto de vista, esto me ha enriquecido notablemente a la hora de valorar un instrumento, y me gustaría compartir esta experiencia.
“¿En qué consiste exactamente este trabajo?” Es la típica pregunta.  Básicamente, se trata de analizar todas las características (buenas y no tan buenas) de la guitarra que se está valorando. Esta es la parte más interesante, puesto que obliga a agudizar el oido y a comprender cómo el sistema de construcción condiciona por completo la calidad del sonido e incluso la manera de pulsar las cuerdas. Éste sería un buen tema para un trabajo de investigación.
Otra de las tareas importantes del “probador” es la de conseguir un equilibrio entre tensión de las cuerdas y comodidad.  Depende de la pulsación de cada guitarrista, y siempre me ha parecido que no existe un ajuste exacto y válido para todos. En mi opinión, todos los guitarristas deberíamos saber un mínimo de luthería para realizar estos ajustes, puesto que son básicos para “moldear” nuestro propio instrumento a nuestro gusto. Además, es una tarea sumamente satisfactoria.

Es interesante saber que la tensión del instrumento que tocamos hoy en día no tiene nada que ver con la tensión de los instrumentos antiguos. Este tema es también  otro trabajo de investigación a parte… En primer lugar, tocamos con uñas básicamente por la exagerada tensión de nuestras guitarras, que tocando con yema no proyectarían tanto. Quien conozca las vihuelas y laúdestambién podrá darme la razón en que las uñas demasiado largas que muchos tenemos son un auténtico estorbo para unos instrumentos cuya tensión es mínima (algo parecido a tocar con las cuerdas de la guitarra actual destensadas). En conclusión, la tensión y el tipo de cuerdas condiciona la pulsación; en segundo lugar, esta tensión tan alta de la guitarra se debe en gran parte a Andrés Segovia. Creo que es inconcebible imaginarse a Andrés Segovia (que tenía unas manos gigantescas) tocando con la delicada y diminuta guitarra de Torres. La figura de Segovia es crucial para nosotros, y su herencia (tanto lo bueno como lo no tan bueno) es imborrable.

Prácticamente todos los instrumentos antiguos de cuerda pulsada (laúdes, tiorbas, guitarras barrocas…) que he escuchado y probado suenan más armoniosos que una guitarra de baretaje que llamamos “tradicional”, debido al tipo de calidad de sonido que más adelante explicaré.  Y sin duda proyectan igual e incluso mucho más que las tradicionales. Antonio de Torres fue uno de tantos guitarreros (Aguado Hernández, Fleta, etc.) que sin duda aportaron una nueva sonoridad al instrumento. Sin embargo, sus guitarras tampoco tenían la tensión actual, lo cual quiere decir que ningún compositor anterior a Tárrega, éste incluido, ha conocido el instrumento de caja grande y cuerdas “hipertensas” que hoy llamamos guitarra clásica. Sin duda, las guitarras originales de Torres tienen un encanto especial que fascinaron a Tárrega. Ahora bien, el sistema de construcción de Torres, con todas sus virtudes, tiende a anular la riqueza de armónicos de los instrumentos anteriores. Existen grabaciones y grandes concertistas en directo para comprobarlo.

Otra tarea, consecuencia de las anteriores, es acomodar el instrumento a las necesidades del cliente. Cuando se trata de una tienda de música, éstos demandan un tipo específico de instrumento (unas maderas, materiales, etc., de precio variable y generalmente económico); cuando se trata de un cliente particular, se deja la guitarra afinada lo más estable posible en ese momento. Depende del material de las cuerdas con que se ha montado el instrumento. En tres años afinando guitarras con Savarez, puedo afirmar que el KF (carbono) tarda muchísimo más en afinar que un buen nylon; por último, cuando se trata de un concertista… debe ser él mismo quien valore, puesto que todos los guitarristas profesionales compartimos un criterio elevado para juzgar, y se establece entonces un diálogo muy interesante entre ambos.
Como en todo, se necesita una buena materia prima para que la guitarra tenga un futuro exitoso. Por eso un comienzo en el proceso de valoración puede ser anotar qué materiales se han empleado y valorar el resultado que se obtiene con ellos para después realizar comparaciones con otros materiales distintos. El tema comienza a ponerse interesante.
Las medidas también son muy importantes. La anchura del mástil depende mucho de la mano del guitarrista. Por regla general, no debe ser ni más ancho ni más estrecho que nuestra abertura natural (haz la forma de U con tu pulgar-índice). Las distancias entre las cuerdas con las que trabaja cada constructor también pueden variar mucho, y también depende de cada mano. Existe un estándar de 60mm de 6ª a 1ª en silleta, y de 43mm aprox en cejuela. Como digo, esto es variable y es sumamente importante saber con qué medidas está uno acostumbrado a tocar, puesto que, hablo por experiencia, un cambio de 1-2mm puede desmontarnos toda la precisión que hemos adquirido en años. En eso es sorprendente la capacidad de aprendizaje del cerebro. La altura de la 6ª cuerda en el traste XII nos proporciona también una idea del nivel de tensión que tendremos al pisar con mano izquierda (entre otros dos factores que son los trastes y la tensión de las cuerdas). Por último, el tiro suele ser de 650mm, aunque también hay muchas guitarras de 64 e incluso de 63 (suelen ser bastante cómodas para la mano izquierda en caso de posiciones muy abiertas).

Ahora bien, el aspecto más importante de todos: el sonido. Depende directamente del sistema de construcción empleado. Hablando desde mi propia experiencia, he probado tres sistemas distintos: baretaje tradicional (con muchas variantes), de retícula (incluida una Smallman original), y de nómex (incluida una Dammann), un material que es excelente conductor de vibraciones. Todos ellos son complejos en sí mismos y no podemos detenernos en cada uno de ellos. Para mi, los mejores son los dos últimos (retícula y nómex).  Básicamente, existen para mi dos tipos de sonido en la guitarra, ambos totalmente válidos y bellísimos: el sonido percutido y el sonido expansivo. El percutido es el que podríamos llamar “español”, característico de lo popular y que se ha transferido a la guitarra clásica construida en el siglo XX (a partir de Torres en adelante). Hablando sin demasiadas complicaciones, se trata de un sonido percutido porque genera un impacto con la pulsación, y los armónicos (sean mejores o peores) tienden a decrecer (con mayor o menor rapidez). Esta característica es muy fácil de apreciar en la mayoría de guitarras construidas en España. Puedo decir que he probado, desde una Fleta y una Aguado Hernández originales a la  mayoría de luthiers que trabajan con este concepto en España actualmente. Como digo, es un sonido encantador, distinto al que sigue a continuación y que me gusta llamarlo “expansivo”.
El segundo sonido, expansivo, es aquel que, tras la pulsación, acumula todos los armónicos que es capaz de producir la caja de resonancia dando incluso la sensación de una nota que crece. Esto se puede “sentir” en la Dammann de David Russell (quien haya tenido la suerte de probarla lo podrá atestiguar por mi) y de forma parecida en una Smallmann (con otros detalles también muy interesantes).  La complejidad de construcción de ambos sistemas es mucho más serio de lo que parece. En Smallmann no se trata de una simple retícula, puesto que ninguna de la ingente cantidad de imitaciones consigue el mismo resultado, sino que hay otros muchos factores que producen ese sonido particular (exactamente el mismo efecto novedoso que provocaría Torres si la comparamos con los guitarreros anteriores).  Y el tratamiento del nómex es muy complicado,  ya que entre otros factores debe colocarse entre dos tapas (como un “sandwich”).

 

“¿Cuál es mejor?” Mejor preguntarnos ¿cuál nos gusta más? Los demás instrumentos también tienen esa riqueza. Por ejemplo, qué trompa suena mejor, las Alexander, las Holton, las Yamaha… ¿por qué criterio nos guiamos? Generalmente, lo admito, por la guitarra que tocan los maestros a los que admiramos. En mi humilde opinión, el sistema reticular (el nómex se podría incluir bajo este nombre puesto que el material en sí tiene esta forma) es mejor que el llamado baretaje tradicional (del siglo XX), ya que parece equilibrar mucho más las vibraciones de la tapa y además, sin excepción, provoca más armónicos en la guitarra. Además, es curioso observar cómo muchos  de los grandes concertistas actuales (por supuesto no se puede generalizar) prefieren guitarras de tensión suave y de sonido expansivo, lo que parece enlazar mejor con el ideal sonoro de la tradición más antigua.
Sería muy interesante, como señalé anteriormente, analizar comparativamente la pulsación y el sonido de la guitarra. Por regla general, los que prefieren el baretaje tradicional pulsan más vertical y con uñas más redondas que aquellos que gustan de acercarse al sonido de David Russell con uñas más diagonales (quizá el sonido más bello de la historia de la guitarra). Por tanto, pienso que el sistema de construcción nos condiciona el tipo de sonido, así como la forma de nuestras uñas.
Para mi los armónicos son la base de una buena guitarra. Y más que los armónicos, cómo éstos reaccionan tras la pulsación. Es difícil imaginar un violín que no tenga armónicos. Para testear los armónicos del instrumento, es un buen método tocar intervalos de cuarta en diferentes registros y cuerdas escuchando su duración. También se suele tocar la primera cuerda -tapando las demás- para comprobar la duración de cada sonido en la cuerda que más debería “cantar”. Y no sólo cuartas, sino tríadas y acordes con más notas añadidas para comprobar su equilibrio. Y por supuesto, cualquier obra de repertorio nos dará la idea definitiva del sonido de una guitarra en particular.

Para ir terminando, existen otros parámetros que creo se deberían tomar en cuenta, como por ejemplo la afinación de la caja de resonancia. Muchos habremos hecho o visto hacer a alguien dar un golpe  (¡suave!) en la tapa (tap tunning), tapando todas las cuerdas previamente, para identificar la nota que produce el aire contenido en la caja. Estas notas no suelen ser diatónicas, sino un la sostenido, un fa sostenido,  sol sostenido… O más sencillo, podemos “hablarle” a la guitarra buscando con nuestra voz la frecuencia a la que el aire de la caja vibra con más intensidad. ¿Por qué es importante esto? Volvamos un momento al siglo XIX, cuando Savart, entre otros científicos, trataban de descifrar el secreto de los Stradivari. Para abreviar mucho, se dieron cuenta de que si se golpean las tapas (para ello cometieron el crimen de desmontar muchos instrumentos Stradivari) y los fondos, se producía un sonido que estaba a un intervalo entre un tono y un semitono más bajo que las tapas ensambladas. Y también descubrió que estaban siempre entre un do y un si. En la época esto sería casi imposible de averiguar por la inarmonicidad de las tapas, es decir, la escasez de sonidos parciales necesarios para que el oído humano sea capaz de asignar una altura al sonido. Hoy en día ya se usan otros métodos fiables mediante compresores, altavoces, patrones de Cladni, etc. Este tema es muy extenso y existen ya muchos estudios que merecen la pena ser leídos.  En conclusión, la calidad de la guitarra también depende de la afinación de su resonancia fundamental.
Finalmente, existen innumerables factores que me dejo en estas notas (tamaño de las aletas del puente, la caída e inclinación de la cuerda cuando entra en los orificios del puente, etc.), pero es conveniente comprobar y anotar: la humedad relativa en el momento de la prueba; la resistencia a la pulsación (elección de tensión de las cuerdas); la afinación al aire y en traste XII; la estabilidad de la 1ª cuerda…

Alberto de Blas

http://albertodeblas.blogspot.com/

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